Elocuencia

A Leopardi

Nunca olvidada me fue esta despejada pradera
y estos acantilados que tan decididos
desde su primitiva presencia la memoria impone.
Mas, meditando y contemplando inexpugnables
peñascos anclados como cimientos, guardianes
callados, y majestuosos custodios
continuo en esa contemplación mientras
las olas se borran tras cada embate. Ahora esta pradera
acotada por manzanos que ya son frontera,
y este silencio que el viento amenaza en lejanía,
a él le entrego el eco del mar, la voz
que se ha quedado en el poema:
y rememoro la elocuencia antigua del helecho,
y las palabras nuevas de la espuma,
y siento la piedra como una voz. De nuevo bajo
los arcos esculpidos por el viento oigo un viejo susurro,
y asomarse a la tormenta es un monólogo,
y escuchar es abrir una ventana a los fareros.

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