Los vinos del Prestige

Informe 10.
Los vinos del Prestige

“El mar devuelve todo aquello que no quiere,
incluso los muertos”.
i

Así es, el mar lo devuelve todo. Diríase a veces que es un baboso, como esos borrachos que pasan el mal trago vomitando sobre la arena. Por eso el “Jefe”, que desde lo de Casablanca no había vuelto a percibir en el mar aquella sensación de venganza, decidió abandonar la barra del Cavannah y poner rumbo al noroeste. Sin otra sensación que la rabia renovada, hizo el petate y dejó al barman suplente lo que a todas luces no era sino la indolencia habitual de un hotel a orillas del Mediterráneo: la caterva de “hooligans” que viven pegados indefectiblemente a la barra de un bar, los ecos de un pasodoble larguísimo y machacón que a duras penas lograba desleír a la alegre muchachada del Inserso, y acaso aquella rubia de bote que un día le clavara los pezones con el oscuro propósito de sacarle la combinación secreta de un “Marsalis con aceituna”. Lo demás no tenía sentido. En realidad, desde hacía días, la vida solo giraba alrededor de una lengua negra que lamía con procacidad toda la Costa da Morte.

Algo fatigado, el “Jefe” llegó a Muxía a mediados de diciembre, en tanto que, por rangos y categorías, algunos políticos se bajaban a la perdiz y al rebeco, mientras otros se afanaban en hundir un cachalote herido frente a los acantilados de Fisterra, doscientos setenta grados oeste, trescientos veinte grados noroeste y vuelta a empezar. Luego llegaron gentes de todos los rincones para extenderse como una marea blanca, tan blanca que ya no la podían ocultar por más tiempo, y es que esa marea salpica todavía hoy de espuma las avenidas y los miradores, las chalupas y las trastiendas, las azoteas y hasta las casas con dos puertas, una marea que por las noches desatranca el portón de las tabernas y las inunda de gestos y lealtades. Y comoquiera que esas son tabernas al uso, allí se acaba hablando de todo, incluso de vinos.

Vinos de todas clases: rojos, blancos, amontillados o dulces, y que en un momento dado cada cual hace gala de los mejores caldos de su tierra, y son los aragoneses los más enfáticos cuando solícitos se pasan de mano en mano la bota de vino de Somontano; vinos de Tentudia que hicieron las delicias de los expedicionarios extremeños de Pizarro; vinos de Jumilla, poderosos y obcecados, vinos de Rioja, de la alta y la alavesa, los mismos que pusieron en sorna a los monstruos marinos de Juan de la Cosa, vinos de Jerez con los que fray Junípero obsequiara al Almirante en Palos de la Frontera; vinos blancos como los de Rueda, vinos balsámicos del Clariano y Valentino que acompañaron, por pueblos y serranías, a los valencianos de Jaime I; vinos de Arganda y Navalcarnero que echaron a la calle a los madrileños el dos de mayo, cuando la ribera alta del Loira amenazaba con otra marea de tintos con la que despacharse a gusto un buen cocido, vinos de la Ribera del Duero que arrebataron al Cid alguna que otra tarde de gloria, vinos de Yecla, vinos de Pago y Valdepeñas, vinos de Méntrida y La Gomera los cuáles animaron a Cabeza de Vaca a aventurarse por las Américas, ánimos como los de estos canarios que ayer mismo, nada más llegar, se despacharon una olla de mojopicón y después se ventilaron ellos solos doscientas toneladas de chapapote; vinos del Montseny y del Priorato, vinos de Benissalem, de nombres tan árabes y tan mallorquines, y vinos de Galicia, como ese Alvariño que ha traído a las costas a lo mejor de su pueblo para desdecir aquella renuncia de Castelao: “El gallego no protesta, emigra”, pero hete aquí que están todos ahora, bebiendo lágrimas de vino, en esta taberna que en realidad no es más que un pantalán viejo y destartalado.

Y mientras tanto, los de la perdiz y el rebeco, se asoman a mirar las “playas esplendorosas” con la vana esperanza de que los vientos rolen con fuerza al oeste, que arrastren a los periodistas y se lleven de paso a esa turbamulta blanca y reivindicativa que por las noches inunda las tabernas de gestos y lealtades. Y después llegaron los de la sepiolita.

i Amador Fernández. Concejal de Medio Ambiente y Parques y Jardines. Concello de Vigo.

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