En las inmediaciones del silencio del pan

Tenemos hambre.
Herederos de mesas vacías, de platos huecos.
Miramos con los ojos del hambre,
y nos devuelven migajas, como si fueran milagros.

Somos los hijos del hambre,
los que crecimos con vientres que gruñían,
los que aprendimos a callar para no molestar al hambre,
los que temblamos de frío en la intemperie del hambre.

Tenemos hambre.
Nos enseñaron a rezar pan y libertad.
Nos mandaron a trabajar con las manos vacías.
Nos gritaron que la culpa era nuestra,
y aún así, seguimos teniendo hambre.

Somos los nietos del hambre,
los que heredan deudas y promesas rotas,
los que vieron a sus madres llorar en cocinas sin fuego,
los que aún sueñan con un mañana sin hambre.

Tenemos hambre.
De justicia, de dignidad, de un suelo fértil.
De escuelas donde no falte la leche,
de hospitales sin racionar la vida.
Tenemos hambre de pan y de futuro.

Somos los que se levantan contra el hambre,
los que entienden que el hambre es un arma,
los que ya no aceptan cadenas con sabor a hambre,
los que gritan que otro mundo empieza
cuando el hambre termina.

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