La geografía del regreso

Entonces fue el viaje. Fue la maleta
sin fondo, el pasaporte vencido
en el cajón del escritorio, la foto
doblada en cuatro donde aún sonreíamos.
Fue la promesa de una estación
sin hora fija, el andén donde nadie
despide a nadie, los trenes
sin anuncio de regreso.

Entonces fue el viaje. Fue el mapa
dibujado con dedos torpes, el país
que inventamos en la infancia, la brújula
sin norte de la juventud.
Fueron los amigos de entonces,
sus cartas con acentos distintos,
el vino derramado sobre las risas,
la última noche en Lisboa.

Entonces fue el viaje. Fue el amor
que se quedó dormido en una plaza
de Roma, el poema que escribimos
a medias en un hotel sin ventanas.
Fue el primer amor, y el último,
que eran el mismo y no lo sabíamos.
Fue tu voz al decir mi nombre
como si fuera la última palabra del mundo.

Entonces fue el viaje. Fue la ciudad
cerrada por dentro, las calles
que ya no pisan nuestros pasos,
el eco de las persianas bajando
como un telón sobre el recuerdo.
Fueron los cafés sin cita,
los teatros donde reímos
cuando todo aún dolía sin saberse.

Entonces fue el viaje. Fue la fiebre
en una habitación sin cortinas,
la aguja que entró sin herir
y el temblor en las manos que sostienen
todavía la esperanza.
Fue la promesa de curarse
en otra lengua, en otra piel.

Entonces fue el viaje. Fue la certeza
de que olvidar es solo otra forma de recordar.
Fueron los abrazos a contraluz,
la lágrima que no cayó,
los nombres que ya no decimos
por miedo a que vuelvan.

Entonces fue el viaje,
el último,
el que nos trajo
de nuevo
a casa.

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